Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: – ¡Paz a vosotros!- Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo: – ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.- Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: – Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.
Jn 17,20-26 : Que lleguen a ser perfectamente uno Jn 17,20-26
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