Sucedió que otro sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había en ella un hombre que tenía la mano derecha tullida; y los maestros de la ley y los fariseos espiaban a Jesús, por ver si lo sanaría en sábado y tener así algún pretexto para acusarle. Pero él, sabiendo lo que estaban pensando, dijo al hombre de la mano tullida: “Levántate y ponte ahí en medio.” El hombre se levantó y se puso de pie, y Jesús dijo a los demás: “Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?” Luego miró a todos los que le rodeaban y dijo a aquel hombre: “Extiende la mano.” El hombre la extendió y su mano quedó sana. Pero los demás se llenaron de ira y comenzaron a discutir lo que podrían hacer contra jesús.
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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