De allí pasó Jesús a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que se supiera, pero no pudo ocultarlo. Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro; y fue y se arrodilló a los pies de Jesús. Era una mujer extranjera, de nacionalidad sirofenicia. Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio; pero Jesús le dijo: – Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitar el pan a los hijos y dárselo a los perros.- – Sí, Señor -“respondió ella-“, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.- Jesús le dijo: – Bien has hablado. Puedes irte: el demonio ya ha salido de tu hija.- Cuando la mujer llegó a su casa encontró a la niña en la cama; el demonio ya había salido de ella.
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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