Cuando Jesús llegó a la región de Cesárea de Filipo preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos contestaron: “Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elias, y otros, que Jeremías o algún profeta.” “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”. Simón Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.” Entonces Jesús le dijo: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo.” Luego Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran nada a nadie. A partir de entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que tenía que ir aje-rusalén, y que los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley le harían sufrir mucho.
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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