Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo: – Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.- Jesús tuvo compasión de él, le tocó con la mano y dijo: – Quiero. ¡Queda limpio!- Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. Jesús lo despidió en seguida, recomendándole mucho: – Mira, no se lo digas a nadie. Pero ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación la ofrenda ordenada por Moisés; así sabrán todos que ya estás limpio de tu enfermedad.- Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a contar a todos lo que había pasado. Por eso, Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba fuera, en lugares donde no había nadie; pero de todas partes acudían a verle.
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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