Seguían ellos su camino. Jesús entró en una aldea, donde una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies de Jesús, escuchaba sus palabras. Pero Marta, atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: – Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.- Jesús le contestó: – Marta, Marta, estás preocupada e inquieta por muchas cosas; sin embargo, sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.-
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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