En aquel tiempo Jesús llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: “¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?” Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: “En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.” Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él.
Marcos 8,1-10: La gente comió hasta quedar satisfecha Marcos 8,1-10
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