Un día estaba Jesús en un pueblo donde había un hombre enfermo de lepra. Al ver a Jesús se inclinó hasta el suelo y le rogó: – Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.- Jesús lo tocó con la mano, diciendo: – Quiero. ¡Queda limpio!- Al momento se le quitó la lepra al enfermo, y Jesús le ordenó: “No lo digas a nadie. Solamente ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que todos sepan que ya estás limpio de tu enfermedad”. Sin embargo, la fama de Jesús se extendía cada vez más, y mucha gente se juntaba para oírle y para que sanase sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a orar a lugares apartados.
Lc 4,14-22ª : Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura
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